domingo, 8 de noviembre de 2009

Seis

Acompaño a Olivia a casa. Al entrar me asaltan los recuerdos de cuando Javier y yo todavía vivíamos juntos. De cuando todavía éramos una pareja, de cuando nuestro matrimonio parecía que funcionaba, de cuando los niños eran pequeños … El olor a jabón, agua caliente y colonia … Los olores es lo que me trae más recuerdos, … Si necesitasen devolverme la memoria en algún momento de mi vida, la hipnosis no sería el camino. Por favor, Aromaterapia Positiva. Nada de olores a quirófano y demás momentos poco agradables.


El Suizo aparece fugazmente para saludarnos (las mangas de la camisa dobladas, los brazos todavía húmedos y un copo de espuma en el flequillo) y vuelve a la batalla que se libra en el cuarto de baño. Tras una sonrisa y un beso, sigo diseccionando esos recuerdos que, de repente, se han levantado y se están desperezando en mi cabeza. Es como si estuviesen ahí escondidos, anestesiados, crionizados, y se hubieran visto descongelados. Con la energía que les ha dado tantos años de placentero descanso están haciéndose café y estirándose en mi lóbulo temporal. Pero al entrar Oli y preguntarme “¿En que estás pensando?”, en lugar de confesarle que he sufrido una invasión de Recuerdosmatrimonialesfelices, le digo “Cañón de Marido que tienes!!!!!!” (lo cual también es verdad, y hubiera ocupado el segundo lugar de mis pensamientos en ese momento si los insurrectos hubieran dejado espacio para algo más) y ella ríe a carcajadas mientras sopla sus uñas y les saca brillo con el hombro de su camisa.